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 SPANISH UTAH

Un rutón increíble a 2 horas de Madrid

Habíamos oído hablar de unos cañones y “castillos” de arena roja, de un paisaje inverosímil a pocos minutos de la brecha que deja la carretera de Barcelona a su paso por Calatayud. Incluso habíamos visto alguna foto pero aún así no terminábamos de creerlo. Nuestro imaginario nos traicionaba, después de ver tantas fotos de formaciones rocosas (o no) como esas y ubicarlas con nuestro mapa mental, en el desierto del Moab, en el Gran Cañón o el mismísimo Utah, del que habíamos visto miles de videos, resulta que esta ruta de mountain bike la podíamos hacer ida y vuelta en un mismo día desde Madrid.

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Saliendo de los “suburbios” de Calatayud por aquella pista forestal nada podía indicar lo que nos esperaba. Aquél páramo desierto no parecía nada diferente al sur de Madrid. En el sur de Madrid no hay nada… algunos lo llaman los campos de desolación, solo hay pistas de arcilla que cuando llueve son una trampa de arenas “inmovedizas”, vamos que te inmovilizan la bici, a ti y todo. Sin vegetación, muchos decimos que por ahí solo hay kilómetros, pero a veces… hay que fiarse de los tracks, la experiencia, la intuición y Google Earth.

Subimos un poco y de la pista surgió la típica linea entre la poca vegetación que hay, que a todos nos encanta llamar singletrack ese estrecho corredor donde 40kph parecen la velocidad del Halcón Milenario. Nos tiramos sin vergüenza y paramos al fondo de un barranco donde, oh sorpresa, hay otro singletrack, a pesar de que las ganas nos dicen “pa’bajo” sabemos que lo bueno está cuesta arriba, remontamos suave pero decididamente y buscamos un misterioso loop que había en el mapa.

“El fin del matorral era como un portal en el espacio/tiempo, una frontera virtual entre Aragón y Utah”

Al terminar de subir el barranco aquel, que en otra época imaginamos con un bonito arroyo, fuimos a dar a una pista forestal rodeada de pinar. El paisaje que buscábamos seguía haciéndose esperar. Avanzamos un poco mas, siempre fiándonos de lo que decía el GPS, de nuevo lo que parecía una senda se atisbaba entre la maleza. “¿Será por aquí?” nos preguntábamos, como parecía todo flow y veníamos a divertirnos volvimos a dejarnos caer sin vergüenza, nos dejamos llevar y de pronto el fin del matorral era como un portal en el espacio/tiempo, una frontera virtual entre Aragón y Utah.

Los gritos de sorpresa nos hicieron parar para contemplar y dieron paso al silencio. Ahí estaba la tierra roja pintando barrancos, construyendo estatuas y coloreando la tierra prometida de la diversión en MTB. Nos habíamos reunido a las 7:00 para salir y antes de las 10:30 ya contemplábamos aquel tobogán estrecho por el que nos dejaríamos caer. Pero hay que estar atentos, el terreno compacto, la inclinación y un poco de inexperiencia nos pueden llevar directo a la caída de mas de tres metros al fondo de aquel barranco que el agua ha tardado siglos en horadar y entonces al carajo la diversión.

Durante los pocos kilómetros que duró este loop hasta volver a la misma pista donde habíamos comenzado, no pudimos parar de hacer fotos.

Pero lo mejor estaba por llegar, no sin algo de sufrimiento… al volver a la pista enfilamos una subida que parecía amigable al principio pero que al llegar un cruce se empinaba endemoniadamente. Talus estaba en su salsa, pero Nacho y yo (Alvaro) sufríamos como corderos camino al matadero. No nos quedó otra que enfundarnos el orgullo y empujar. Yo cuando podía me volvía a subir y daba pedales, otra recompensa nos esperaba. Un nuevo singletrack entre matorral bajo, esta vez a pocos metros de la cresta desde la que se dominaba toda la planicie desértica, la vuelta anterior y aquellos castillos monumentales que los elementos habían horadado esmeradamente durante miles de años.

Imagina un plano de video desde el aire, volando hacia una pared de tierra roja, sobre ella tres ciclistas apenas se distinguen mientras la cámara se acerca, pequeños en la inmensidad y cuando estás mas cerca ves sus caras, sus sonrisas, el viento les mueve las camisetas mientras recorren con velocidad ese pasillo de polvo entre el matorral… esos éramos nosotros.

Llegamos a la cruz que está en el vértice, justo para comer, admirar, fotografiar, hacer silencio, pensar y disfrutar.

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Una vez repuestos nos volvimos a frotar las manos, sabíamos que venía una buena bajada, pero no cuanto… y no sabéis que buena era… empinada y ratonera, con zetas, piedras, polvo… de esas que no puedes perder ni un momento de atención y te va haciendo soltar esas carcajadas y gritos de júbilo. Todo para desembocar en otro espeluznante singletrack frente a uno de los castillos naturales.

Nos vemos en otra encrucijada y esta vez no dudamos al atisbar de nuevo otra senda entre matorrales, la vergüenza se nos había extraviado en la entrada anterior y esta vez estábamos dispuestos a darlo todo y menos mal! ¡Premio! Un barranco como aquel por el que subimos, el cauce de un arroyo con flow para repartir, no perdemos el tiempo, nos olvidamos del otro y nos damos rienda suelta, solo de vez en cuando en algún cruce paramos para reagrupar.

Llegamos a otra pista y nos viene un dilema… el barranco parecía seguir bajando hasta Calatayud, pero el track decía que había que ir por la pista. A pesar de que la ruta no había sido larga, quedaban pocas fuerzas y la pista parecía subir, nos dejamos llevar por la intuición y seguimos la pista. Transitamos por ella como lo hacemos por todas, despacio, sin ganas y mirando alrededor cualquier atisbo de senda, siempre hay un premio, nos desviamos y encontramos un tramo corto pero brutal, pista de nuevo de bajada y rápido… parece que esto se ha acabado, delante el mismo páramo…

Talus sigue buscando en el GPS un desvío a la izquierda y ¡BOOM! Otro singletrack alucinante de esos que se te pierde en la vista, de los que tienes que soltar el freno con esa sonrisa de niño malo y a tope… 35… 40… 50kph el aire ensordecedor y las camisetas flameando, esto es el sentido del MTB, a toda velocidad, flow y risas, llegamos a la pista donde habíamos empezado con una sensación de euforia irrefrenable, chocamos las manos y hacíamos ruidos primitivos pero sin articular palabra, intercambiando expresiones de asombro con la cara, hay sensaciones que son lo mas parecido a ser humanos. Y esta lo es… quieres venir?

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