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Sigo aquí…

Sigo aquí…

Una noche cualquiera estaba con mi chica viendo cualquier cosa en la TV, la típica escena de sofá, y va y me pregunta según me mira las piernas… “¿A ti te parece que esas son las piernas normales de un señor de 40 años?”… Hice una pausa más bien de cortesía y le respondí, casi sin inmutarme, “Yo no soy un señor”.

Tengo las piernas llenas de cicatrices, todas montando en bici. Podría decir casi con exactitud el lugar donde me las gané. Si, me las gané, haciendo lo que me gusta, montar en bici por lugares remotos de las montañas. Ahora me gano la vida con eso, guiando aventureros con Talus y TrackMTB, explorando algún sitio para llevar a esos aventureros o para hacer algún reportaje de ruta para Bikes World. Cada una representa una aventura y también un progreso.

Porque… ¿Cómo vas a progresar si no te caes? No es que me haya caído a propósito, evidentemente, pero muchas son por ir más rápido que la vez anterior o decidir no bajarme de la bici en ese paso complicado donde la última vez decidí pasar a pie. También porque he ido perdiendo el miedo a la maleza, ahora prefiero simplemente disfrutar y olvidarme de que las zarzas te van desollando poco a poco. Progresar tiene un precio, a veces en miedo, a veces en dolor.

Por eso atesoro mis cicatrices, muchos atesoran sus tatoos, a mi los tatoos me dan miedo tanto físico como psicológico. No solo no me veo horas debajo de una aguja, sino que no me veo para siempre con un dibujo que me ha hecho otro, mis cicatrices son más aleatorias.

El arte tradicional Japonés del Kintsugi se dedica a restaurar piezas de cerámica que se han roto y lejos de intentar que queden los mas parecido posible al original, después de recomponerlas resaltan las roturas con un esmalte dorado. Para ellos ese objeto recompuesto cuenta una historia que merece ser recordada, es más valioso que uno nuevo y más fuerte.

El 5 de Marzo de 2016, mientras participabamos en el curso de Iniciación al All Mountain de TrackMTB me caí, una caída de las gordas. Llegué a una piedra que formaba un cortado, pensaba que lo podría bajar por una piedra que estaba a un lado sin saltar, como había hecho otras veces, pero la trazada era equivocada y llegué al cortado muy lento, salí disparado y aterricé de cabeza, como un misil.

Una descarga eléctrica me recorrió la espalda. Aún recuerdo el grito ahogado que di durante el golpe y la sensación de alerta del cuerpo ya en el suelo, que dolor. Enseguida pensé en lo peor, no me podría mover… me ví las manos y un par de segundos después las moví, ahora las piernas… pensé “¡por favor, mi mujer y mis hijos no merecen cargar conmigo!”… un par de segundos después las moví, el alivio fué indescriptible, pero esto no había terminado.

Talus y yo llevamos siempre unos walkies, le llamé y le dije que estaba mal, él ya sabía donde, llegó el grupo y entre todos me revisaron y me ayudaron. Lo que viene ahora no lo hagáis nunca. Empezaba a nevar y con la adrenalina de poder moverme, poder mover las piernas me daba la “seguridad” de que no tenía “nada grave”, decidimos no llamar al rescate y levantarme para llegar a la carretera. !No os mováis¡ y llamad al rescate.

Una vez en el hospital y después de todas las pruebas de rigor, tenía dos vértebras rotas, aplastadas. Había que operar. Básicamente abrirme en canal la espalda y ponerme en la columna 8 tornillos y dos barras. Tuve que ser yo mismo quien diera ánimo a algunos amigos y familiares. Podía ver el miedo en las caras de algunos que me fueron a visitarme. Pero en esa cama del hospital donde pasé casi dos semanas podía mover las piernas, igual que en el segundo 5 de mi accidente, nada podía ir peor, así de sencillo. ¿Para qué perder el tiempo lamentándose? Podía y podría andar y eso era lo importante.

Ahora estoy en medio de la recuperación, ando a diario más que antes de caerme y espero el momento de volver a la bici. Siento decepcionar si al final de toda esta parrafada no tengo conclusiones, sino preguntas.

¿Cuando vamos a dejar de soñar con aventuras desde el sofá? Esto no es Matrix. ¿Cuando vamos a dejar las excusas tipo, soy muy gordo, muy viejo, no estoy en forma? ¿Quién ha dicho que hay que hacer ciertas cosas o comportarse de ciertas maneras según la edad? Ya os lo he dicho, yo no soy un señor, solo soy un tipo normal que está dispuesto a sobreponerse al dolor y al miedo para hacer los sueños realidad.

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